El complejo Village está extrañamente vacío esta vez. No sé por qué será, no es un día distinto a cualquier otro. Mejor así.
Hay varias películas pero no sirve ninguna. Son, la mayoría, de esas que están para pasar el rato viendo acción y fantasías de otro mundo, mejor claro. No voy a ver nada de toda esta basura.
No tengo plata para gastar en libros así que a la librería no entro. Mirar libros sin poder comprar me resulta una frustración muy pesada; hay gente a la que le encanta hacer eso, a mi me resulta igual que ver una película pornográfica sin poder satisfacer al miembro viril.
Podría comer en el patio de comidas pero los lugares que ahí hay me indigestan de verlos nomás. Todos son esos típicos sucuchos de hamburguesa, gaseosa y papas, y cada vez que como en uno de esos cosos me agarra un ataque al hígado.
Me voy del Village Caballito.
Pensé que era una buena idea pero resultó un gastadero de plata al pedo. No digo que el documental no estuviese interesante, pero al final no puedo decir cómo estuvo, me quedé dormido a los cinco minutos y me desperté cuando toda la sala del Gaumont estaba aplaudiendo a rabiar. Me incorporé un poco y aplaudí. No creo que nadie se haya percatado que me palmé toda la función, y si alguno se dio cuenta me importa poco y nada. Hay quien gasta su plata en ropa, otros en música, yo la gasto en entradas al cine para torrar, ¿y qué?
Más que los cuatro pesos y el tiempo perdido (aunque dormir nunca es perder tiempo para mí) me jode el viaje en bondi que hice al pedo, desde Caballito hasta Congreso. Ahora me voy para Lanus, que es lo que tendría que haber hecho desde el principio.
jueves, 8 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario