jueves, 8 de enero de 2009

SIETE

Mi compañero de trabajo, uno de ellos, volvió a venir a trabajar fumado. No pasa nada, el flaco labura bien igual. Con dos o tres churros encima a lo sumo se pone denso con tanta felicidad que lleva puesta en el alma, en la cara, en los pelos de la oreja, y en todos lados. Un éxtasis que por momentos fastidia un poco, porque parece un colegial de viaje de egresados. Pero se aguanta, lo aguantamos.
Decir el nombre es venderlo al pedo, y no viene al caso. Además no creo que a nadie le importe. Igual vamos a llamarlo el Chavón Churro, para darle espacio físico en ésta, mi vida laboral.
Mi trabajo no es todo lo mierdoso que puede ser un trabajo por estas eras. Me desilusiona lo menos posible, o será que ya estoy preparado para lo peor, y ante unos pasares no tan conflictivos me conformo. Es mejor así que aborrecer cuando es la noche del domingo.
Mi tarea es vital para el funcionamiento de mi vida, sin mí en mi puesto de trabajo, no sé qué haría yo. Por lo pronto estar en otra parte. Ahora, para la empresa que me emplea, que compra mi fuerza de trabajo, que me roba el tiempo, para ella soy el infeliz que empaca pedidos de mercadería en el fondo del boliche. Ojo, no pagan tan mal. Digamos, he cobrado peores sueldos. Bastante peores. Y ahí aparece de nuevo mi conformismo.
Algunos compañeros insultan con fervor a los judíos dueños del negocio. Como mucha gente los acusan de chupasangre, explotadores, cínicos. Este par de hebreos no dan tal perfil, aunque tienen sus cosas, sobre todo uno de ellos, el que atiende las finanzas y se desentiende del papel de CEO (¿qué será eso?). Insisto en que buena gente o no, lo que no son es la mayor escoria humana.
Con respecto al hecho de que los judíos negocien y exploten, y busquen el mayor beneficio con el menor otorgamiento, y vivan por y para el comercio y su hijo predilecto: la utilidad pecuniaria, no creo que todos estos rasgos sean exclusivos de los discípulos de Moisés. Más bien creo que están en cualquier sujeto en cualquier parte, a lo largo y ancho de este puto mundo. La bronca con los judíos es porque brillan en esos rasgos, más que la media estadística. Hay algo que no se discute: no hay gente de la “colectividad” pobre.
En resumen: que vivan como quieran y si me quieren joder que lo intenten, si lo logran, felicitaciones. Todo el planeta busca joder al resto de la humanidad, viva con ello o salte del puente más alto mi viejo.
Ahora suenan en el equipo de música Los Pibes Chorros. No los quiero, no me gustan, pero ya no los odio. Es más, creo que ahora los entiendo, hasta puedo decir que los respeto. No son más escoria que la que fluye por la burocracia gubernamental de todos los países, para el caso el nuestro. Por lo menos van de frente y no quieren convencerte de nada. Cantan su poesía sin metáforas, de cuatro palabras, sin engañar a nadie. Mañana por ahí los quiero escupir, soy así yo.
Cuando sean las seis de la tarde me voy a ir al Rojas a llevar revistas. ¿Les dije que formo parte de una revista? Sí, escribo para una publicación gráfica mensual que trata de hacer contradiscurso del parloteo oficial de los jeques de los medios. Nos quedamos a un millón de años luz de hacerle una cosquilla al último barre pisos del grupo Clarín. Ernestina Herrera de Noble desconoce nuestra existencia, por supuesto. Nuestra lucha es lo más estéril que vi en mi vida, el enemigo no nos registra, el campo de batalla siempre parece el horizonte pampeano, no peleamos ni contra molinos de viento. Ah, somos felices.
Después de pasar por ahí, seguro voy a cruzar al sex shop de enfrente, terminaré comprando algún video porno de esos que más me gustan. Los de negros con chicas blancas, o negras con chicos blancos. La cuestión es que haya choque de razas, sexual, erótico. No sé por qué me agrada eso. No sé si es por algún tipo de complejo infantil oculto; porque me gusta ver esa dominación de una raza sobre la otra en un terreno menos humillante que donde es histórico que ocurra; o porque me gustan los alfajores Bagley blanco y negro. Esta última no estaría mal como explicación dadaísta.
Pasó mi día martes. Hice todo lo que prometí. Me tomo un café con leche en este bar de Corrientes y Río Bamba y me voy para casa.

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