viernes, 16 de enero de 2009

CIENTO TRECE

Irremediablemente van a retornar a su imperio las cucarachas de mi cocina. Ya se sienten los primeros calores de un estivo que se intuye más caliente que el centro de la tierra. Y cuando hace calor, el milenario, indestructible, y escurridizo cascarudo oval negro se agranda y se adueña de la vida de los rincones de todas las casas, de todos los galpones, de todas las habitaciones. Aunque como ya dije en algún momento anterior, estos no son la típica cucaracha fea y brillante que tanto repugna. Son más bien unas hermanas menores, casi como pequeñas hormigas negras, que ni impresionan siquiera.
Igual, yo las echaría a patadas. Pero eso no lo voy a poder a hacer, y eso que lo vengo intentando con obsesión. Así que voy a tratar de organizar mis visitas a la cocina, como para que estén ellas o yo. No entraré de madrugada, veré si puede hacer algún ruido previo antes de entrar, para que se vayan metiendo en sus ambientes entre los azulejos.
En fin, la convivencia con el más apto.

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