Hay dos cosas que se puede decir que festejo sin reparos y sin ponerme colorado. La primera es que el club de la ribera no salga tricampeón esta tarde, cosa que es un tanto difícil ya que solo precisa un punto ante el modesto equipo de Lanus, y además se juega en la bombonera. Si sale campeón lo merece porque fue de los mejores del torneo, pero espero que no lo logre. Nada grave, rivalidades del fútbol. Porque Rey de copas hay uno solo. Hubo, hay y habrá uno solo.
La otra cosa que celebro es la desaparición física de Augusto Pinochet. Algunos creen que no se le desea la muerte a nadie, yo no deseé la muerte del hijo de una gran puta, pero ya que le vino por derecho propio la festejo grandemente. Es más, le pedí al destino que tuviera una vida reposada hasta su muerte, para poder decir en ese instante: “Espero que hayas disfrutado tu existencia de este lado, porque ahora se te viene la noche”. Déjenme creer por un minuto que existe el juicio en el más allá y la sentencia irrevocable a una existencia repleta de dolor, agonía y suplicio. Doy una idea: que quede encerrado en un laberinto infinito, sin salida, y con un minotauro por cada chileno desaparecido. Sin ningún Teseo.
Hubiera rimado poéticamente que no muriera de muerte natural, sino que una sombra lo enterrara vivo, una oscura noche de junio, detrás de las gradas del estadio nacional. La última poesía de la tierra de don Pablo.
viernes, 9 de enero de 2009
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