Ya terminé mi té con limón y me voy a ver a Los Pérez García. Es raro que toquen un lunes pero eso es porque es a beneficio de la radio colifata, los internos del borda. Y más extraño es que no me lleven hasta los confines del oeste, que es donde se presentan siempre. Claro, ahí son locales y se llena del pendejerio que los sigue.
A mi a los vagos me los hizo conocer la Pola. Ella los conoce hace años, el cantante era su preceptor en la secundaria. Ahora es tachero el melenudo. La verdad es que están bien en lo que hacen. No son la octava maravilla pero suenan afinados, tienen un repertorio medio chico pero potente. Son una cosa entre el rock y el reggae, algún chamamé rockeado para el pogo junto a la armónica del Beto Olguín., y muchos músicos arriba del escenario. Sonando bien, muy bien.
El humo no falta nunca a ningún show. Fumatas a la orden del día y cervezas Quilmes son la tradición. Los lugares suelen ser espacios entre el galpón de la vereda de enfrente y el bar de mala muerte de la esquina. Cero acústica, mucha pasión, el sonido hace lo que puede.
Escaleras abajo me abaraja una mina rubia sentada en una mesita de café los 36 billares. Es la que te cobra la entrada y te da el cupón amarillo que te habilita a pasar para adentro. No sé si está loca o ayuda a los locos del Borda en la organización deestos eventos de beneficencia. “Si tenés ocho pesos justo mejor”, me suplica. Le doy los únicos ocho mangos que tengo encima y camino en la semiobscuridad que se ve para todos lados.
En el escenario están todos los instrumentos y están Los Pérez probando sonido. Uno, dos, hola, probando. Lo mismo. Lo mismo. Me voy al baño. Salgo y busco un lugar donde pegue una luz de cualquier color, la idea es leer un cacho para matar la espera. Encuentro un tubo blanco que alguien se olvidó de apagar, me siento en el piso y me meto en mi libro (Esperando a los bárbaros, de un tal Coetzee).
Cuando parece que va a arrancar me arrastró hasta las mesitas que dan al escenario. Me siento en una silla apoyándome el pecho en el respaldo.
Vienen Los Pérez . Suben, saludan, avisan por qué el concierto, por qué lunes, y tocan Desde el borde, para empezar. No hay mucho agite ni va a haber pogo. Tranquilidad, domina la seguidilla sus temas un escuchar tarareando y cantando a la par del tachero cantante. Entre otros tocan cuatro del próximo disco. Callejear es lo más.
Terminan y me voy escalera arriba a caminar por Rivadavia hacia la 9 de julio. El 100 me devuelve al sur, a la ducha, a la cama, al descanso del primer día de laburo de la semana. Estuvieron joya Los Pérez.
jueves, 8 de enero de 2009
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