Mica tiene las uñas de los pies pintadas de rojo, no me gustan los pies de las mujeres con las uñas pintadas.
Tifi tiene las piernas semiocultas debajo de un entramado de nylon, una prenda bien característica del gato de levante, pero en ella no queda así. Le queda muy bien. Lo que arruina el conjunto es su novio, por esa condición justamente.
Leti está menos atractiva con la pilcha que eligió. Igual casi ni la veo en toda la noche, anda de charla en charla con amigos y amigas. No baila mucho, no se prende en la joda grupal al borde del disc jockey.
Rochi tiene la misma buena pinta de siempre. En faldas queda mejor que de jeans, que es como casi siempre la veo. Jode a todo el mundo durante toda la jodida noche, eso es muy de ella, siempre jode en las reuniones de la revista. Va con Facu, que la verdad, parece no inmutarse por nada del mundo. Un chavón tranqui, quemero, de Quequén.
Magui y Andrea están sobrias. En la ropa y en general. Bailan mucho con sus amigas y con los demás integrantes, no están en pose en ningún momento. Eso me agrada en una mujer.
Nacho está en ojotas, y ese es el detalle más sobresaliente de toda su facha. Se mueve all nigh sin parar, salvo cuando ocupa su lugar en la entrada, suplantando a alguien.
Cheche intenta bailar, se ve que es medio duro para eso. Le pone onda a sus tentativas, eso le hace bien a la fiesta. Termina sin sus lentes, sucios en el bolsillo, medio borracho pero controlado.
Pablito, así se autodefine, es una sonrisa andante. La novia no tanto, se ve que disfruta menos el encuentro social. Está por su compañero, obvio.
Mariano vino con la novia. Lo saludé al entrar y no lo vi más hasta las cinco de la mañana cuando se fue. Sobrio, sin sudor, arreglado como vino. No sé qué habrá hecho durante las cinco horas que duró la fiesta.
El Negro arrancó delirándome la remera roja, del Rojo. Terminó con la musculosa mestiza propiedad de Lety. Muchas cervezas se tomó, y se notó durante la noche y cuando prendieron las luces más todavía. Se zarandeó con fervor, se prendió en todos los pogos, hizo la fiesta.
Jorge. Lo vi muy poco. Efusivo en el saludo, como siempre. Buena onda, como siempre. El hombre que escribe porque le rompen las pelotas.
Matías y su camisa bordó. Tomo todo, contó todo, todo, todo. Se mamó bien, jugó de lanzador hacia el final. Se fue con sus amigos, que no estaban mucho mejor que él. Nunca perdió el hilo de la historia. Eso hay que decirlo.
Daniel puso la fiesta en las nubes. Jodió toda la velada, se movió y los movió a todos, más bien los hizo mover a todos. Atropelló en el pogo tribunero, fue locomotora de trencito, también vagón, estuvo en todos los ramales que se abrieron en el salón. Tomó pero dejó tomar. No tuvo un minuto de seriedad.
Hugo fue prolijo. Medido. Un gentleman. Lo vi a mitad de la noche, lo saludé, respondió con responsable suficiencia el saludo. Cada cual la pasa bien a su manera. Eso me queda de la presencia de Hugo.
Lula trajo una banda de revoltosas. Como ella, bah. Y así estuvieron toda la fiesta: baile, cerveza, más baile, poquito diálogo, brazos arriba, meneo de carnaval, alegría en el ojal. Al lado de la vitrina de las copas estuvieron, por el costado de todas las carcajadas.
Lucrecia y novio. Bailaron, bailaron, volvieron a bailar. Todo lo que hicieron, que no es poco en una fiesta.
Javier el rubio estuvo en todas. Bien el pibe, lejos de aquella mufa que se agarró el día que nos plantaron en el barrio de Once. En un momento se agarró las bolas para responder a un llamado con tono de cargada.
Así pasó la fiesta por el año de la revista El Mestizo. Fue un éxito total. Hubo ganas, fervor, organización, bebida, música, gente a patadas pateando el aire del lugar. Ahora queda que volvamos a salir a la calle, con nuestras opiniones y notas, porque sí, porque nos rompen las pelotas, porque nos gusta hablar en otro tono.
Habrá otra fiesta alguna vez.
viernes, 9 de enero de 2009
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