jueves, 8 de enero de 2009

NUEVE

El drogón entró a los gritos a las ocho de la mañana. “¡Hoy tengo un notición!”. Nos despertamos un poco de la pachorra de los primeros minutos del día laboral y le prestamos atención, a ver qué era la gran novedad.
Una gilada era nomás. Resultó que una conocida de él había sido seleccionada para hacer de promotora de la empresa en la exposición que se venía en noviembre próximo. Y a quién carajo le importa, pensé yo y más de uno también. Bueno, por lo menos vino temprano y sin éxtasis ni adrenalina de más. Vamos mejorando habrá creído el jefe del sector.
Hasta que la piba esta vino al mediodía rompió los huevos toda la mañana con su inminente llegada. Prometió que estaba buenísima y que era putísima. Ninguna de las dos cosas importaba demasiado, estábamos todos trabajando y no de levante. Además, la bomba sexual iba a pasar por la oficina, no por los fondos, que es donde estamos los negros esclavos. Y para peor, pongamos que se daba una vuelta por nuestro lugar, la miramos, la desvestimos con la psique, le pasamos la lengua por todo el cuerpo con el
ensueño, y después quedamos excitados como caballos en celo, con el rabo durísimo y con ocho horas por delante de solamente envolver cajas. No sé dónde pudiera estar el placer de todo eso.
Cuando pasó, cerca de la hora de comer, el Chavón Churro se pegó una corrida a la oficina para verla y saludarla. Yo no fui porque no tenía que ir para nada en particular, casi ninguno fue a corroborar su condición de hembra de lujo. El dato que llegó de uno de los pibes de la oficina es que realmente estaba preciosa. “Para chuparla toda”, dijo el peruano, que fue el único de nuestro sector que la vio en vivo y en directo. Justo tuvo que ir a entregar un pedido cuando ella entraba.
Cuando la rutina laboral aplasta como una topadora cualquier suceso distinto se maximiza en su relevancia. Supongo que lo mismo le pasará a todos los que están diez horas haciendo idénticas tareas, todos los santos días.

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