Nadie entiende nada, y ella no mucho. Lo que pasa es que la petisa es una ayudante de cátedra que la metieron a dar clase, dándole una comisión a su cargo. Yo no digo que no sepa, pero no encuentra las palabras que entren bien en la cabeza del piberio. Y no encontrar las palabras es no saber, el conocimiento en abstracto es un atrevido llamado a la confianza del otro. Puede terminar en charlatanería.
Nunca dio mucha clase, eso está claro. Hace lo que puede y puede muy poco.
Es la segunda vez que me pasa en menos de un año. Digo, esto de tener que lidiar con un profesor con pocas luces. Ignorante de la docencia. Otra vez me voy a tener que arreglar con los libros y sin ninguna explicación, yo y mi capacidad de comprensión contra todos los que vengan. Crápulas que inventan discursos académicos complicados e inentendibles, científicos según dicen.
Ya pasó media hora y todavía no arrancamos con el asunto de hoy, seguimos tratando de digerir el bodrio del viernes pasado, cosa que no va a pasar. Encima una piba se mandó una pregunta lúcida, de esas que dejan en ridículo al docente, porque no la puede responder. Igual hay que reconocerle que por lo menos estuvo sensata, dijo sin preámbulos: “No entiendo a qué se refiere el autor en ese párrafo”. Aceptó su derrota sin excusas, con hombría. Eso es decente al menos.
Por suerte ya casi terminamos el día de hoy, veré de qué me disfrazo la semana que viene en el primer parcial. Espero agarrar el tema con mis neuronas más pícaras, las otras van para atrás.
Bueno, terminó la clase. Dimos las hurras y a otra cosa mariposa. Esa otra cosa es el recital de los Pérez García en el centro. Humo, bebida, música, y fin de semana. Qué otra cosa es el placer de las horas de no trabajo.
Llegué temprano, no hay casi nadie. Me tomo un capuchino para despabilarme mientras veo los goles que se yerra en la tele el equipo Sabalero. La Lepra y Colón abren la fecha en Santa Fe, y yo espero que el conjunto del ex técnico del Rojo pierda, no lo aguanto a ese tipo, nos dejó afuera de las copas. Y lo peor: jugábamos horrible.
Devuelvo la taza a la barra del bar y me siento a escribir mi mundo de hoy, que es el único que vale. Estoy en una escalera perdida del club Unione e Benevolenza, es una salida de emergencia. La única cagada es que da a la calle, a la misma realidad de mierda de la que me fui cuando entré por la puerta principal. Así son las cosas. No hay salidas de emergencia para nadie. Donde estamos es todo lo que hay, lo otro es probar con dejar el gas abierto al acostarse y ver que noticias tienen para nosotros los angelitos. Yo paso. Vamos Beto, vamos Pérez, arranquen la vida.
viernes, 9 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario