jueves, 8 de enero de 2009

DIECISEIS

Mañana es viernes y en el laburo vamos a mancar horrible. Hay un embarque de juntas que está todo vendido y está esperando que los esclavos lo envuelvan para regalo, cosa que no es difícil pero deja los músculos en ruina. Son cajitas azules que pesan dos kilos y que vienen por doce unidades dentro de cajas rectangulares. Y de esas cajas alargadas salen como treinta por pedido. Al final del día fue como haber ido al gimnasio más cool de la ciudad, pero sin la pilcha apropiada, la facha despreocupada, y la música de esparcimiento.
Lo bueno es que a la noche estoy invitado a una reunión de chicas liberadas y dispuestas a regalar sexo al que venga. Una partuza que se dice. No sé cuántas veces podré estar en erupción pero un par serán seguro, después va a depender de la motivación que vea en el ambiente, con las del ambiente.
Se hace en casa de los hermanos de Jardín América. Que viven a la vuelta del trabajo, en un dos ambientes generoso y acogedor, bien dispuesto al desorden que los jóvenes inquilinos le dan semana tras semana. A las pibas no las conozco pero me dijeron que no son diosas ni tampoco quasimodos, y con eso basta para tener buen ajetreo corporal

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