Hay una compañera de la facultad, bah, ex compañera, porque yo abandoné la casa de altos estudios, y creo que ella también. Hay una chica, decía, que hace un tiempo que no veo y que quisiera verla con todo mi corazón. Y con todos mis ojos, y ella sin pilcha alguna. No creo estar enamorado pero sé que puedo ir caminando hacia ese traumático estado sentimental sin darme cuenta, ya me ha pasado demasiadas veces ese problema, y no quiero repetirlo.
Hace tiempo que no la veo porque me escapo de las ocasiones para hacerlo. No voy más a su casa, ni a verla tocar con su banda de música, y ya no es posible cruzarla en un pasillo de la universidad. Alguna vez quedé en ir a visitarla en su departamento nuevo y la dejé plantada. No se enojó. Me dijo “Te esperé nabo y no viniste”, y eso me lo dijo con una dulzura y una gracia que no deja prevalecer a la razón sobre el afecto. También me invitó para ir a alguno de sus recitales, cosa que rechacé, aunque ahí tiene mucho que ver que no me gusta tanto lo que hacen.
La cuestión es que el otro día me mandó un correo electrónico pidiéndome señales de vida. Y no contesté. Tengo miedo. No creo que yo le interese en el grado en el que estaría dispuesto a ponerme el título de novio. Es de esas personas que creen que es posible que un hombre y una mujer sean amigos. Eso, intuyo, busca de mí, al amigo. Que se olvide. O mejor yo me desaparezco y listo. Ya sé que podría hablarle, explicarle cómo son las cosas. No serviría y estoy casi seguro de ello. Tampoco puedo contestarle un mensaje diciéndole “amigo tuyo no soy”, sería muy chocante, por más que mis intenciones mucho más superiores que esa estúpida e imposible conexión, declaren por sí solas un salto de calidad en mi posición con ella.
Esto será como yo quiero o no será nada.
Siempre es esa la chance simple que yo propongo cuando empiezo a quedarme mirando demasiado a una mujer, mientras tomamos café en la mesa de algún antro.
Yo creo en el amor. Profundamente. Tan a profundidad que no creo que haya demasiadas parejas que se amen en el nivel que yo entiendo el amor.
Ahora ella está en la costa con su hermano y el resto de su grupo de reggae. Con todo gusto cambiaría que se acostara con uno distinto cada noche si al volver se quedara conmigo para siempre.
Si no va a ser así que la menstruación le dure quince días.
martes, 13 de enero de 2009
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