No es tan linda como ella cree. En realidad no es linda. A decir verdad, es fea. Sin embargo, se hace la interesante con todos los hombres que le echan una mirada. Lo que no se da cuenta es que la miran de la misma forma que miran el cordón de la vereda de enfrente, esperando a que corte el tráfico para cruzar. Es decir, por mirar algo. Pero pensando en otra cosa, no en el cordón de la vereda. Tampoco en ella. Y sin embargo se hace la interesante.
Tampoco tiene un buen físico. No sabría decir si la cara le cuida el culo o es al revés. Curvas, no muchas. Las elementales por una cuestión de anatomía universal de Homo Sápiens. Además, esa tesitura de objeto sexual manifiesto e innegable le prohíbe entablar el menor diálogo con los hombres, eso no se lo puede permitir siendo pieza femenina tan deseada. Piensa ella. Y no es que no habla conmigo, yo nunca intenté la menor charla, sino que no lo hace con nadie del sexo masculino.
Así pasa las tardes. Yendo y viniendo entre las mesas, sin gracia, con vanidad, sin un solo sujeto que la piense desnuda. Pero ella es feliz, ¿no es lo que cuenta?
viernes, 16 de enero de 2009
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