jueves, 8 de enero de 2009

CATORCE

Así como va la helada al campo/ y el gaucho al mate va/ y el cantor se le arrima al canto/ así don José Larralde va. Como los chanchos en el chiquero/ se tapan el lomo con mugre/ es cantor que no se le escurre/ un verso que no tenga esmero. Juntando palos en el pescuezo/ así el bueno a lo bueno va/ dándose un lugar para el rezo/ así don José Larralde va. Patacones no lo hacen traicionar/ ni le van a cambiar las cuerdas el tono/ lleva bien afinado el encono/ y no les va a dejar de torear. Julepeando al que tiene mucho/ hablando del campo va/ en la boca lleva cartuchos/ así don José Larralde va.
Es una forma de decir que me gusta lo que hace el tipo. Porque es sensato, porque es cabrón, porque me cuenta, además, una existencia de las mejores que tiene este país: la del campo. Pobreza, riqueza, fogones de cuerdas, cinchadas, infancias de laburo, estancias, distancias, soberbias, arrogancias, humildades, reseros, milongas, guisos flacos, liebres, nutrias, horizontes, taperas, historias, tristezas, algunas alegrías, yerbas, mates, indiferencias, nostalgias, gauchos. Y Huanguelén: “Un día me fui del pago pero Dios ha de querer, que no se me manque el zurdo sin llegar a Huanguelen”.
Llego tarareando un resto de recital, lo que no salió de la guitarra del cantor sureño. Entro a casa y no hay luz, ya sabía pero me había olvidado. Hay un corto en alguna parte y no se sabe dónde, el asunto es que la cosa viene por velas.
Me baño rápido. Como despacio. Me masturbo sin demasiado interés, tirado en la cama y completamente desnudo. Termino la tarea del eslabón perdido y abrazo a la almohada para dormir hasta las seis menos cinco. Ahora son la una y media de un día que fue agradable.
Más o menos a eso de las dos me quedé dormido.

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