jueves, 8 de enero de 2009

PIOJO RESTO BAR

El bar del piojo es un azar de dichas y desdichas. Una permanente luz tenue que parece brillar en ocasiones, pero que no alumbra todos los rincones del lugar. Todo puede pasar y nada puede ocurrir, desde las historias y los episodios más inverosímiles, hasta la más contundente realidad. La vida del piojo es su bar. Lo de resto es porque los tiempos modernos así quieren llamarlo. Aunque él preferiría habitar en un bodegón de mesas chuecas, madera sin lustre, y humedad eterna.
La miseria con estilo nuevo milenio. La esperanza anclada a la usanza antigua, es decir, sin razón de ser, porque sí, porque no hay otra cosa que tener. La pilcha pobre, pero el teléfono móvil moderno. La piel blanca sin sol, la figura sin ataduras a las miradas ajenas, pero con gel fijador. Una de cal y cien de arena, o al revés. En la pantalla videos con onda, sincronizados, estéticos, pero la música es dos por cuatro; la barra ancha, cómoda, con sus butacas altas, y el espejo que refleja cien bebidas alineadas con clase, pero lo que se sirve es ginebra, y fernet, y vino tinto barato. A decir verdad, la verdadera magia del bar está en ser como el visitante quiera que sea. Ser todos los bares y ninguno, oro y barro, llanto y risa. El concilio de los ángeles, la reunión de bestias y demonios. Amigos, conocidos, desconocidos, y los extras de la vida del mundo.
En realidad el Piojo Resto Bar no existe. O sí. Algo puede ser eso que así di en llamar.
Eso es el Piojo Resto Bar. Bienvenidos. Hace rato que entraron.

No hay comentarios: