
En el borde se está siempre.
Al pie de una nueva vida,
de que nos asalte un cambio trascendental,
de que cambien todos los planes,
de que seamos otra gente distinta a la que éramos minutos antes.
Una noticia terrible, un aviso fatal,
una situación propicia,
el destino justo cuando peor estábamos.
Todo puede pasar al borde.
Lo bueno y lo malo.
Lo bello y lo vil.
No alcanza con estar atento,
mirando el horizonte,
sospechando el futuro,
todo surge o se desmorona con una fugacidad aplastante.
No hay nada que hacer,
salvo disfrutar cada instante.
En el borde.
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