viernes, 14 de mayo de 2010

DOSCIENTOS SESENTA


En el borde se está siempre.
Al pie de una nueva vida,
de que nos asalte un cambio trascendental,
de que cambien todos los planes,
de que seamos otra gente distinta a la que éramos minutos antes.
Una noticia terrible, un aviso fatal,
una situación propicia,
el destino justo cuando peor estábamos.
Todo puede pasar al borde.
Lo bueno y lo malo.
Lo bello y lo vil.
No alcanza con estar atento,
mirando el horizonte,
sospechando el futuro,
todo surge o se desmorona con una fugacidad aplastante.
No hay nada que hacer,
salvo disfrutar cada instante.
En el borde.

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