En la centuria del 1800 Mijail Bakunin era un ruso de la denominada Intelligentsia. Un término que nació en la rusa zarista del siglo XIX y que definía a los jóvenes intelectuales que egresaban de las universidades rusas con ideas modernizadoras e imbuidas de Las Luces. Esta forma de llamarse pronto se expandió a toda Europa, y cantidades de hombres de las artes y las ciencias se proclamaban la Intelligentsia de sus patrias.
Además de Bakunin, cuyo profundo deseo era la destrucción del nuevo Estado moderno, la supremacía del colectivismo, y el ateísmo más estricto, dos hombres rusos influyeron en muchos rusos más jóvenes. Peter Laurov y Meter Tkachev. Estos se habían exiliado en Suiza desde donde adoctrinaban a los enérgicos y románticos estudiantes rusos. Les aconsejaban unirse al campesinado, por ser éste el verdadero motor espiritual de la Rusia histórica.
Por el trabajo de esos dos pensadores nació un movimiento llamado “Populismo”. Los educados rusos en el exilio volvieron, se juntaron con los instruidos en Rusia, y se internaron entre los campesinos pobres. Pero su visión sentimental de aquel campesinado descrito por sus maestros pronto se desvaneció, aquellos desconfiaban de las intenciones de los cultos que regresaban a unírseles y no aceptaron su liderazgo.
A la sombra de algunas tibias reformas políticas del Zar Alejandro II, el movimiento populista se fue haciendo cada vez más radical y violento. En 1879, y más próximo al fervor terrorista de Bakunin, se viró hacia un nuevo grupo llamado “La Voluntad del Pueblo”. Estos ya eran terroristas anárquicos que buscaban la abolición total de cualquier forma de gobierno.
A partir de las últimas dos décadas del siglo XIX se dedicaron a cazar al Zar Alejandro II. Le dispararon a quemarropa y se arrastró por el suelo para salvar su vida; pusieron bombas en la vía por la cual pasaba su tren, pero únicamente estalló el carro que transportaba su equipaje; dinamitaron el subsuelo del comedor del palacio pero esa noche el Zar llegó tarde a cenar, y el atentado mató a sus once sirvientes; alquilaron una tienda en una de las calles por las que solía pasar y construyeron un túnel por debajo, pero fallaron al momento de su paso. El 13 de marzo de 1881 lo asesinaron con una granada casera que también mató a su asesino. Desde un primer instante el Zar resultó gravemente herido pero no titubeó ante sus matadores. Mutilado, le dijo a sus cosacos, “Vamos al palacio, a morir allí”. Y así fue, una hora y media después.
lunes, 10 de mayo de 2010
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