Ya cuento el beso número sesenta. Porque acá en San Juan es uno en cada mejilla, como si estuviéramos en Francia. Encima desde que me senté no paran de entrar González. Grandes, medianos, chicos, mujeres, hombres, todos sanjuaninos, por supuesto.
El Porteño amigo del Sergio es un invitado ocasional a uno de los típicos cumpleaños que reúnen a toda la familia. No importa si es lunes, como hoy. Si hay reunión todos van. Y comen, y toman, y charlan.
El Tato ataja en Alianza de San Juan. Pero en estos momentos es suplente.
El más chico de la familia juega de defensor en Unión, también de acá, y es titular.
El arquero (aunque no jugó) perdió y el Eduardo ganó 5 a 1. El primer partido de ambos en el durísimo torneo Argentino B.
El Tato además trabaja en el penal de San Juan, porque no es ésta divisional una de esas que pagan sueldos de opulencia.
Chicas hay de todos los gustos. Todas lindas, y muchas casadas y con hijos. La última joya de Don González se llama Marianela y tiene, creo, diecinueve años.
La joda del Chato (el que cumple años) dura hasta casi las dos de la madrugada. Bastante para un día laboral. En Buenos Aires imposible, acá es sagrado juntarse a celebrar algo.
Me despido de todos y me voy a dormir a la casa de mi amigo Sergio. Mañana arranca la recorrida cuyana de mi viaje.
viernes, 2 de abril de 2010
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