miércoles, 14 de abril de 2010

DOSCIENTOS CUARENTA Y UNO

De La Rioja a San Juan está Dios parado frente a mí.
Es un mero eufemismo, el que está es Enrique, el dueño del hóstel Laguna Brava que tan amablemente me hospedó. Bueno y barato.
Enrique es testigo de Jehová. Predicador incansable que va tratando de advertirnos que se viene el fin del mundo y que hay que vivir en la gracia del Señor. La verdad es que no molestó a nadie en el hóstel en ningún momento, pero si alguno iniciaba una charla sobre religiosidad, luego sería imposible detener al orador y su mandato. Ya al entrar entendimos cómo venía la historia del lugar; pilas y pilas de revistas evangélicas, folletos por doquier, Biblias en abundancia, la palabra de Jesús cada medio metro.
Y las dos francesas en mi pieza. Enrique no tenía la menor chance conmigo.
En la terminal de Villa Unión, mientras aguardaba la partida hacia tierras sanjuaninas, tuvimos una interesante charla sobre religión y fe. Hora y media escuchando la visión de los Testigos; sus formas, sus obligaciones, sus beneficios (la salvación y nada más). Metiendo algún comentario, alguna queja o crítica de vez en vez, y escuchando la réplica, la explicación.
Fue un rato interesante. De aprendizaje y de algunas revelaciones. Como que entre los Testigos hay seis mujeres por cada hombre, y que ellos pueden elegir la candidata en el periodo que se llama de conocimiento, que no es el noviazgo. Igual, ojo, atento los especuladores, no es tan fácil recibir la aceptación , ya que las “testigas” dudan mucho de las verdaderas intenciones de su candidato, de su real amor a Jehová. Es más importante el amor a Jehová que al compañero o compañera.
Así que aquel que estudie el plan de infiltrarse para disponer de féminas, le aclaro que los “lanzados en picada” sobre religiosas son rechazados con rapidez y crudeza.
Se fue el pastor Enrique y el sol calcinante del día. Y yo de Villa Unión y de La Rioja.

1 comentario:

Obelisco Enforrado dijo...

Esteee... naaaa, mejor no digo nada.