jueves, 15 de abril de 2010

DOSCIENTOS CUARENTA Y DOS


El monstruo ha escapado.
Anda suelto por la ciudad.
Atropella señoras,
aturde con su sirena,
demacra las calles, aplastándolas con su férreo porte.
Siempre maravilla a los niños, inocentes del peligro.
Humilla a los ómnibus, es insultado por taxis y taxistas.
Un guarda, que viene corriendo por los túneles de la línea A,
avisa que hay un motín en la estación Miserere.
Más bestias de acero se aprestan a dejar su cautiverio subterraneo.
El ejército se moviliza,
la policía patrulla Buenos Aires.
Finalmente el orden se restablece.
El monstruo es rodeado y aprehendido
en las cercanías de Plaza de los Virreyes,
mientras planeaba su revolución con el Pre Metro.

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