miércoles, 28 de abril de 2010

DOSCIENTOS CINCUENTA Y DOS


Cuando sea grande voy a ser inmortal.
Y los días me atravesarán el eterno tiempo mío,
y los vientos me charlarán el rato,
y los amaneceres me descubrirán incansable,
y las noches intentarán abandonarme a mi suerte,
que es la misma de mis barcos y mi ribera clara y ajetreada.
Mis huesos fieros serán recuerdo de viajeros y caminantes.
Todo yo seré un cuadro maravilloso,
en un tiempo alguna vez maravilloso.
Cuando sea inmortal querré morir,
y estaré preso en una vida derruida,
rodeado de cadáveres de mis tiempos de sueño.

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