viernes, 16 de abril de 2010

DOSCIENTOS CUARENTA Y TRES


Pequeñas princesitas lo visitan a diario,
y diminutos príncipes montan sus dóciles corceles.
Un viejo triste niega la felicidad,
y la regala en la vuelta siguiente;
estalla la alegría del maquinista de la tarde del sábado,
que va a viajar otra canción más.
En el reino de los futuros sueños,
los jóvenes delfines sueñan con la eternidad del momento.
No saben aún que el recorrido de su risa aniñada tiene final.
Mientras tanto, en medio de una era en ruina,
el último castillo en pie sigue girando.
Que nunca se detenga.

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