
Allá va,
entre el aire ausente del Polo Grounds de Nueva York.
Vuela Jack.
El Toro está encendido,
ama la contienda,
el desafío, la bravuconada de su Pampa.
Y espera.
Mucho tiempo espera,
e igual no desespera.
Un tal Dempsey cuenta ovejitas en los arrabales del ring.
Todo debiera terminar allí,
pero después de mil años de exilio del duelo,
el pingo del comisario regresa.
A robar la gloria como un bandido del lejano oeste.
El mundo decente sabe que el Toro ganó.
El pueblo más pobre de los dos mastica el abuso.
Una señal, allá en el sur,
anuncia que Luís Ángel Firpo ha perdido.
Dentro de algunos años Julio Cortázar se indignará,
y una vida después yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario