Un gato yace muerto en mitad de la vereda, justo a las seis de la mañana. Vaya a saber qué triste razón dio quien decidió olvidarlo en este amanecer de lluvia y viento. Recostado sin retorno, sin frío, ya sin calles que deambular, y sin instintos que seguir.
El camión de la basura no se lo lleva. Yo me voy a trabajar. El día empieza tres metros bajo tierra.
sábado, 24 de abril de 2010
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