
Mi abuelo reencarnado en bar,
el 36 billares.
Bienvenidos a una Buenos Aires de otra época,
quizá mejor.
Los pantalones cortos en la vereda,
adentro humo, gritos de quiero,
una que otra oferta,
alguna mirada que pide pista.
En un tiempo se necesitaba todo este paño verde,
parado en cuatro patas,
siempre seductor.
Y entre tantos cafés y aperitivos,
siempre una lágrima habrá.
Ayer, ahora,
y dentro de un par de vidas también.
Cuando ya no esté,
vendré y me mezclaré entre las volutas de alguna pipa.
Por ahí puedo evitar que la negra no entre donde no debe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario