viernes, 26 de marzo de 2010

DOSCIENTOS TREINTA Y UNO


Muchos no entienden esta manía de tocar por monedas,
por lo que a alguien se le caiga del bolsillo.
El vago de la flauta pierde su tiempo,
y es lo que yo esperaba cuando me paré a escucharlo.
Él pierde, yo gano,
y el arte sigue viviendo en su estado ancestral.
El trovador por los pueblos, sin lugar,
sin mecenas,
igual que el flautista de la peatonal.

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