jueves, 11 de marzo de 2010

DOSCIENTOS DIECIOCHO

Un puente a otro lugar, eso es lo que quiero. Para tenerlo a mano en caso de urgencia.
Cruzarlo y estar sentado en una plaza, con viejos jugando domino y pibes corriendo palomas; cruzarlo y estar tirado en un andén cualquiera, escuchando la guitarra de un vago, y su canción salvavidas; cruzarlo y estar rodeado de amigos, contando las mismas cosas de siempre, y gritando las carcajadas repetidas por años; cruzarlo y estar completamente solo, mirándome las manos y sus heridas, cicatrizándose lentamente, con menos apuro que mis venideras torpezas de obrero; cruzarlo y estar en otro lugar sin tiempo, sin contexto, sin el peso de la mañana temprana, ni la mueca fulera de la noche bien entrada, sin pensar.
En caso de emergencia cruce el puente. Un puente a mano para ir y venir del infierno al paraíso.

1 comentario:

Obelisco Enforrado dijo...

La idea del puente está fenómena pero tené cuidado porque apenas te descuidas te zamparon un puesto de peaje.