Un señor sentado en un banco de la plaza Falucho, me dijo una vez que lo que primero existió fue el Infierno. Y que un demonio menor con aires de grandeza quiso disputarle el poder al mismísimo Satanás; como no pudo vencer al mandamás de las Tinieblas renunció a los abismos y se fue a reinar en las alturas del cielo.
Y así nació Dios, expulsado del averno. Que no creo el mundo y sus cosas, y que, por venganza y despecho, esparció la semilla del amor y la bondad en un mundo que es perverso desde el inicio y cuya propia naturaleza así lo ordena.
Lo dejé solo en el atardecer de un sábado. Me fui pensando, entonces, que en esa cosmovisión trastocada patas para arriba, la destrucción de la humanidad vendría con el triunfo de la paz, la misericordia, y la piedad.
Ahora, sentado en bares sucios, les doy monedas a méndigos, pibes, y viejos dementes. Trabajo para el ángel caído.
martes, 16 de marzo de 2010
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