
El día viene pariendo vinos,
y el mundo de mis amigos cobra su sentido.
Acá, yo pienso en agua para el suelo en grietas;
allá, ellos sueñan sudestadas de tinto.
Debajo del techo este jardín se ve morado y prometedor,
paciente en su vida de crear sangre divina.
Me arrimo cuanto puedo,
miro,
sopeso un posible sabor en mi paladar que pide un racimo.
Estas uvas no son para comer, me susurra Dioniso.
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