
El antiguo valle solitario rememora la sangre.
El lugar del atropello de los Quilmes es, hoy día,
un sitio con mucho tráfico.
Miles de hombres y mujeres
vienen a ver los vestigios de su cultura,
y se asombran, y se interesan,
y se conmueven.
Sin embargo nadie se indigna.
Solo yo vi en este lugar lo que en verdad hay;
el cementerio de un pueblo,
el rastro que dejó el destino final de una raza.
Los arriados indios Quilmes ya no están en estas piedras tristes,
ni su memoria tampoco.
En un grito que retumbe en los cuatro lados del valle
podría estar su verdadero espíritu.
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