lunes, 1 de marzo de 2010

DOSCIENTOS QUINCE

Era algo que se sabía pero el destino me lo confirmó con impiedad. A cada esquina se comprueba, en cada pibe, en cada joven, algún albañil, un hombre de saco y corbata. Todos tienen algo de River Plate. Porque La Rioja es futbolísticamente hablando millonaria.
Tuve mi desquite, y fue grande.
La Terminal me espera atiborrada de gallinas que preparan el festival. En las sillas de los kioscos que tienen televisión; en los bancos del hall que dan a un gran televisor; desde los asientos situados en las plataformas, con la ñata contra el vidrio, fichando hacia adentro a las gambetas de Ortega.
Se define uno de los tradicionales torneos de verano, en este caso jugado en Salta, y con la participación de Rojos, Riverplatenses, y la Academia celeste y blanca. El empate nuestro con los de Núñez consagra a Racing Club, River no puede llegar a la copa. Nosotros debemos ganar por diferencia de dos goles o en su defecto triunfar por uno pero marcando más de dos goles.
Un zapatazo brutal pone a Independiente a ganar. Todos observan la visera que me delata, con el escudo diablo erguido justo en la frente. Yo voy venciendo pero me siento El Álamo en la conquista yanqui de México, en cualquier momento me arrasan con furia.
River empata y estalla el griterío. Y sobre llovido mojado, la Banda hace el segundo y la fiebre inunda la estación. Se canta contra Boca y contra Independiente, se arenga contra mí, lo puedo percibir en las miradas con tonada.
Pienso: mal lugar para ver este encuentro. Pero llegué desde Tama justo a tiempo y no lo quería perder. Aguanto la bulla.
Llega un gol de Independiente de Ignacio Piatti y yo lo grito. Tranquilo pero lo grito. Sin mirar lo grito. Aunque todavía no alcanza lo grito.
Ahora Nacho es el patrono de mi fe de hincha. Clava el tercer gol que nos pone a ganar el partido y la copa. Yo me pierdo en los abismos de la irracionalidad; grito como loco, y miro peor. A todo y a todos, y a todas. Soy yo solo el Diablo. Soy torazo en rodeo ajeno.
Algunos no ocultan la bronca, pero se guardan la violencia en el pensamiento, en el deseo incumplido. Otros ríen de mi revancha solitaria y bravucona.
Gana Independiente. El clásico y el torneo. River lo pierde en la cancha, Racing lo pierde por televisión.
El fútbol es días como éste. Todo el tiempo cal y arena.

No hay comentarios: