
La vista fija en algo que no tiene mucho mérito.
Es solo pasar el rato de quietud,
en un alto del camino por entre maravillas.
En la ciudad la historia reemplaza a los valles,
y ella se aburre un poco.
Viene de montañas y arroyos,
va a lagos y cumbres.
Igual, San Miguel está a sus órdenes.
Le presta su tarde de bullicio,
y su vereda de peatonal,
y su montón de gentes viviendo en perpetuo movimiento.
Ella toma todo eso y lo consume en pocos ratos;
la aventura está en reposo.
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