En mitad del infierno ha llegado el Señor E. Ha vuelto de su viaje de placer, uno de sus tres o cuatro al año. Esos en los que gasta el sudor de sus empleados fatigados por tanta tarea dura y sin fin, ni retribución justa tampoco.
Dicen que tuvo la intención de visitar nuestro círculo del Dante de cada jornada. Pero que lo frenaron y le recomendaron no descender por la polvorienta escalera, que nada agradable a su vista encontraría en su recorrida. Cajas por todos lados, desorden absoluto, pedidos listos y amontonados entre las estanterías nunca suficientes para tanta mercadería, mugre que no encuentra el tiempo para ser expulsada, cientos de papeles membretados en espera de ser atendidos, poco aire y mucho calor, nuestras caras de esfuerzo vano, no dispuestas a recibir reproches insensatos y disparatados.
El Señor E arriba, las bestias ignorantes abajo; su inteligencia arriba, nuestros brazos sin cabeza abajo; su afán infinito de atesorar riqueza arriba, nuestra poca aprehensión al espíritu capitalista abajo. Pero la soberbia, el despostismo, y la indecencia disfrazada de etiqueta arriba, y la pobreza dentro de la legalidad y la sencillez abajo.
Fue lo mejor para todos el no habernos topado cara a cara.
jueves, 11 de febrero de 2010
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