domingo, 14 de febrero de 2010

CIENTO NOVENTA Y NUEVE

Sola, segura, deseada.
Ella no sabe que la eternidad la retrata para sí, no conoce mi manía de espectador de su belleza, ni sospecha nada en esta mañana primaveral de sábado.
Camina hacia el final de mi pensamiento.
Ella se ha llevado algo de mí. Sin saberlo.

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