miércoles, 30 de junio de 2010

DOSCIENTOS OCHENTA Y CINCO


En el segundo piso estalla el amor,
o el sexo sin freno,
o las dos cosas a la vez.
Hogar de deseos perversos,
casa de tiernos engaños,
ciudad de satisfacciones compartidas.
Yo ya dije lo que debía decir;
ahora, lector,
su turno.

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