sábado, 3 de julio de 2010

DOSCIENTOS OCHENTA Y SEIS

Va un mensaje de texto volando entre un aire que pareciera irse a otro mundo. Que falta en este sábado de sol brillante y nubarrones negros solo en nuestra mirada.
Dice: "¿Por qué ponemos tanto alma en tan poca cosa? Dan ganas de balearse en un rincón".
Eso poquito es un partido de fútbol. Un mundial de fútbol. Nada comparado con otros acontecimientos que sí son una desgracia, y que debieran dejarnos el espíritu aplastado contra el piso. Que cada quien busque y encuentre esas realidades que tendrían que atormentar con mayor razón cualquier conciencia noble, sensata, piadosa.
Viene una respuesta por la misma atmósfera ausente; no viene, yo juego a crearla, en pos de un ida y vuelta del pensamiento, las pasiones y sus laberintos.
Dice: "Vos tenés razón, pero yo estoy destruido y no puedo dejar de amargarme profundamente".
Hice el mejor intento por anular el peso de lo cultural en mí. No pude. Y por eso sufro dos veces, en las dos dimensiones planteadas: por lo que debo y por lo que no debiera.
Pobre de mí.

No hay comentarios: