Los suicidas burlan a la Santa Sede. Por ello enojan tanto a las Sagradas Escrituras; quiénes son ellos para decidir por sí mismos cómo y cuando se termina todo.
A los suicidas no les interesa burlar a la Santa Sede, porque muchos de ellos amaban a Dios, lo adoraban, lo escuchaban. ¿Quién tiene la culpa de que las palabras, a veces, no basten?
miércoles, 16 de junio de 2010
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