
Oteando al enemigo espera la miseria de un tiempo asimétrico.
Agazapada en una trinchera de negros escondrijos,
esa que se renueva cada atardecer,
y que tan eficiente es contra los embates de la bienandanza.
Unos soldados roñosos y hambrientos guardan con celo extremo
su posición en la batalla social más vieja y ruín.
Enfrente,
el enemigo brilla en su cuartel luminoso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario