El hombre a cuadros da el paso,todo su tiempo perdido en un cuaderno cuadriculado.
Retrocede,
vuelve a su lugar junto a sus horas útiles,
donde la gente lo observa y lo ve bien,
respetable,
acorde a lo que es esperable de él.
Solo quiere ir hasta el cordón de la vereda,
para ver su reflejo en la zanja,
una última vez,
antes de retornar a su puesto.
El hombre cuadriculado es un prisionero de su propia cobardía,
como tantos en este mundo.
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