domingo, 11 de julio de 2010

DOSCIENTOS OCHENTA Y OCHO

El domingo amaneció tan gris como algunos pensamientos que se desparraman por entre los medios siempre militantes de la oscuridad y el status quo sectorial. Los mensajeros de la otra mejilla hablan de "guerra" y movilizan sus más obedientes combatientes. Que pagan en fecha la cuota de su educación del paraíso prometido y marchan a la plaza y a la batalla.
Mucho distan de algún grado, aunque sea menor, de praxis analítica racional social. Porque pensar la sociedad y sus implicancias solo puede llevar a una práctica racional. Más en la sociedad moderna, es decir burguesa.
La burguesía ganó su ascenso al estrado de la rectoría planetaria con dos aliados fundacionales y fundamentales: la ciencia en ciernes y la tecnología servicial. Dos entidades divorciadas de cualquier impronta espiritual, teológica.
El mundo es burgués, y lo burgués es originariamente dubitativo de la fe como único marco de acción y comprensión del entorno. Ergo, el mundo no debiera estar discutiendo si dos personas del mismo sexo pueden contraer matrimonio entre ellas.
Esa es una discusión que debiera haber sido concluida en el 1789.

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