domingo, 2 de octubre de 2011

TRESCIENTOS VEINTICUATRO

Un insulto largo y musical era su respuesta favorita al acoso de los niños y adolescentes del barrio. Nunca le hizo daño a nadie, más allá de a esa aristocracia estúpida y falsa, que caminaba las calles de sus cuadras sin vestidos de Channel ni guantes de seda al atardecer. Que solo verlo le producía una sana repulsión ante la miseria ajena, amenazante sin decir ni mu.
Historias de su infancia inundaban las charlas de sobremesa al costado de la parrilla del Tano; inventadas crueldades de padrastros golpeadores, madres escapadas, y hasta el mítico estigma de ser obligado, a los tres años de edad, a beber biberones de alcohol en lugar de leche saludable.
Yo nunca supe como cierto nada de aquello. Sí he sabido gritar ese nombre colorido y desamparado a la vez, odiado por su portador, un hombre grande y errante, que humillado por una sociedad de jueces sin estrado ni toga, fue abandonado por todos los ángeles de la guardia, pero respetado y querido por algunos feriantes y todos los basureros de la ciudad de Lanus. Su ciudad triste y cotidiana.
Miles de sábados a las tres de la tarde, entre los restos de frutas y verduras como resabios de una feria que ya no viene, nos jurábamos sangre de tomates podridos, de naranjas pasadas de vida, de manzanas verdes ennegrecidas por las zanjas de eterno luto. Y entre tiro y tiro el grito acostumbrado, el desprecio más inocente de todos: unos pibes provocando al pobre Florido. Solo diciendo su nombre, vuelto en él una llaga sangrante y doliente.
¡Pero porque no te metés con la puta de tu madre, con la puta de tu madre! ¡Guacho!
Florido. El hombre más inofensivo de los viejos peligrosos de mi infancia, mucho menos que mi vecino más decente del barrio.

1 comentario:

Obelisco Enforrado dijo...

Ud. sabe, mi estimado, que en eso de joderlo al pobre Florido podia dar cátedra; Debo contradecirlo en su afirmación de inofensividad del sujeto: lo hemos agarrado viejo, ya. Los de la generación de mi hno. (y mi hno. mismo) dan fe de mas de uno que se ha salvado de ser alcanzado por un ladrillazo lanzado por el susodicho. Que épocas...