lunes, 9 de noviembre de 2009

CIENTO SETENTA Y CINCO

Hoy quiero ira.
Quiero un mar de sangre en las calles.
Quiero la sangre de todos los inocentes pintando las veredas,
la sangre del trabajador y del vago,
la del rico y la del pobre.
Quiero la roja sangre de todo lo que tenga roja sangre.
Quiero que todo muera,
los justos y los injustos,
y los que aman la vida,
y los que son indiferentes.
Quiero el final del suplicio del enfermo.
Quiero calles desiertas,
ya sin testigos por el resto de la eternidad.
Quiero saciar mi ira,
con estas palabras odiosas que poco dañan.
Hoy quiero tener un sueño despreciable.
Es impulso liberado y nada más.
Es echar una red para atrapar un pequeño pez.
Es gritar y aborrecerme al instante.
Cambio toda la luz del mundo por la mayor oscuridad,
solo porque de allí sé que ellos no podrán escapar.
Y tendrán tanta miseria como yo.

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