jueves, 9 de agosto de 2012
TRESCIENTOS CINCUENTA Y CUATRO
No puede ser que solo yo esté escribiendo esto.
No puede ser que solo yo esté sintiendo esto.
No puedo ser solo yo
quien va hacia este atardecer como un patíbulo,
como un escenario frío y postrero,
con verdugos allí donde mire,
y con cada cosa dispuesta a venir por mis despojos.
Será que solo yo sé cuándo me acechan mis mejores asesinos,
cuando trato de cubrirlos de luz,
para entregárselos al mundo,
pero él me quiere a mí,
solo a mí,
siempre a mí.
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