martes, 10 de julio de 2012

TRESCIENTOS CINCUENTA

Una luz abandonando su batalla contra mi oscuridad, un mate compañero, como un felino silencioso y expectante, una música especial, una noche que viene lenta, una luna que no viene a la cita esta vez, Virgilio esperando en la mesa, esa armónica llorando, este corazón sin futuro. Mi mano, siempre mi mano, cómplice de mi ángel de la destrucción.

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