martes, 10 de julio de 2012
TRESCIENTOS CINCUENTA Y UNO
Tengo ganas,
de subir a lo más alto,
y de estar ahí,
quieto,
tranquilo,
desvaneciéndome ante los ojos del mundo,
de todos mis sentidos,
de todas mis razones.
Aunque no baje nunca más.
Tengo ganas,
de viajar hacia donde viven las respuestas,
pero mueren las preguntas,
porque ya no importan.
Tengo ganas,
tiene ganas mi cuerpo,
de no dolerle más a mi alma.
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