jueves, 12 de julio de 2012
TRESCIENTOS CINCUENTA Y DOS
Justo delante del Club Social y sus mesitas a la peatonal, de cara a la plaza de los trabajadores sin trabajadores, ante la atenta mirada de los mostradores compulsivos de mapas (cualquiera que esté detrás de un escritorio en la oficina de turismo de una ciudad), allí la municipalidad tuvo la poco original idea de enterrar un cofre con mensajes, deseos, y esperanzas de chicos y chicas; juventud y futuro de la ciudad y la provincia. Y digo poco original porque es algo que ya lo vi hacer varias veces en un montón de lados, y siempre bajo el supuesto mandato de adquirir una deuda social con esas palomitas adolescentes que recién están arrancando el vuelo.
Mala idea. Mejor sería enterrar a toda la clase dirigente política que tiene tan irrisorios planes, como puestas en escena de un acto que tal vez nadie recuerde llegado el momento, o por lo menos se pierda la foto del autor intelectual del fiasco. Casta de actores y administradores del capitalismo restablecido, sobrevivientes a sangre y fuego de las jornadas del 2001, escapistas del “que se vayan todos”, dueños de segundas partes que siguen sin ser buenas.
Así estaría más atrapante la idea. Meter a Gioja, a Insfran, a Urribarri, o a Capitanich, o por qué no a todos juntos. “Allá en el horno se vamo a encontrar”, dijo Discepolín. Y sacar el cofre dentro de veinte años, para meter a los nuevos sobrevivientes a los pedidos y reclamos del pueblo siempre apaleado y explotado, para que se coman las sobras de los ex gobernadores corruptos, cuidadores de quintitas electorales, reyes del clientelismo feudal.
Lástima que a la Agrupación 25 de junio, Juventud Paranaense, copromotora de la propuesta, no se le ocurrió lo mismo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario