martes, 20 de octubre de 2009

CIENTO SETENTA Y UNO


Un capricho de niebla escondió la noche.
De pronto soy un ciego que apenas ve,
un optimista del horizonte de la calle,
obstinado en descubrir lo que viene (¡cómo si importara!).
Un foco galopa hacia mí;
es una moto, o un dragón,
o un coche tuerto,
o una alucinación de mi mente,
que recién se enciende.
El camión de la basura surge por mi retaguardia,
y se lleva la razón de ser de esta vida moderna y calculada.
La neblina está en todos lados, y a toda hora,
y en cada mente.

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