Yo no creo que un poeta se pueda suicidar. En realidad es más que eso: no consiento que un escritor se pueda lapidar a sí mismo.
Ahí están, me dirán muchos, Virginia Woolf, Alfonsina, Pizarnik, Julio Huasi, y cuantos otros más. En el fondo alguien los habrá matado, ellos no pudieron hacerse eso.
Los que escriben aman escribir. Solon saben de esta vida que nunca dejarán de escribir; jurarán que si no lo hacen mueren.
Yo no creo que un poeta se pueda suicidar. Yo no puedo suicidarme. Este cuaderno naranja y a cuadrículas, y esta birome de saliva negra, me encadenan a la vida por sobre toda pena, por sobre toda miseria.
lunes, 5 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario