jueves, 1 de octubre de 2009

CIENTO SESENTA Y SIETE

El Quo Vadis es una alegoría a la historia del pueblo polaco. Dicen que así lo pensó Sienkiewicz.
El Proceso es una parábola de la burocracia implacable. Puede que Kafka tuviera esa intención.
Funes el memorioso no recuerda todo, así sencillamente. Lo que no puede es dormir. El insomnio es la trama de Borges. Algunos críticos han visto eso.
Yo digo: ¿es que no puede ser que los libros y sus historias digan lo que dicen a simple vista? ¿Es necesario que todo sea un imbrincado sendero de interpretación? Que amparado por la polisemia lleve a una comprensión, a esa comprensión exorbitante.
Para fábulas que aleccionan sobre valores culturales el pasado ya nos legó toneladas. Quizá debiéramos dejar a nuestros escritores contemporáneos el placer de ser simples, concisos, certeros.

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