Durante la guerra Franco-Prusiana hubo un acto de arrojo que llamó la atención más por su originalidad que por su valerosa eficacia. Después de todo no es una extravagancia encontrar muestras de coraje en las contiendas armadas de las naciones europeas durante el siglo XIX. Aquellas épocas escasas en tecnología de destrucción a gran escala, abundaban en verdadera pasión por el filo de las bayonetas y el choque cuerpo a cuerpo.
En la batalla de Sedán una mujer campesina se presentó en el campo de lucha, y ante la estupefacción del General De Wimpffen dijo ser Juana de Arco, la doncella, consumida por las llamas de la iglesia inglesa más de un siglo atrás, por herejía y prácticas brujas, como todos sabemos.
Vestida de prolija faena y una bandera religiosa arremetió contra la escuadra de prusianos sedientos de victoria del Mariscal Helmuth Von Moltke.
Tronando en improperios y advertencias divinas sobre celestiales represalias por permanecer dando batalla en el terreno, se midió cara a cara con los enemigos de Francia.
Una pieza de artillería la alcanzó entre ceja y ceja. Lo último que escuchó la supuesta redentora fueron unos recios y burlones fonemas germanos: “¡Auberhalb da Ausgedient irrwitzig!” (*).
Cayó la resistencia francesa en Sedán, y ante la aplastante derrota gala sucumbió también el imperio de Napoleón III, dando paso a la República.
* ¡Fuera de aquí vieja loca!
domingo, 12 de abril de 2009
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