La espiga sabe lo que hace,
cuando crece porfiando los vientos y las lluvias.
El sol sabe lo que hace,
cuando se guarda tempranito,
en la tarde del invierno frío y sombrío.
La luna sabe lo que hace,
si no me deja ver su espalda mortecina,
en la madrugada de mi soledad.
El viento sabe lo que hace,
al apalear los polvos en los caminos de mi pueblo.
El camino sabe lo que hace,
cuando se va olvidando de ser,
lento en el tiempo apresurado.
Esa estrella sabe lo que hace,
cuando se tira, furiosa,
sobre la noche sin testigos.
La bandada sabe lo que hace,
si se va al llegar su día preciso.
Mi poema sabe lo que hace,
si se deja hacer,
sin sentirse preso de las miserias del narrador.
Ya quisieran los hombres tener tanta sabiduría.
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lunes, 11 de julio de 2011
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