jueves, 7 de mayo de 2009

CIENTO CINCUENTA

El frío de la mañana me sacude las neuronas. Asoma el invierno incipiente, va metiéndose poco a poco en el otoño cada vez más tímido como para hacerle algún reproche. El otoño es el mes que más se deja atropellar por su sucesor, nunca se opone firmemente a que lo dejen terminar su mandato con razonables temperaturas semi templadas. Cobarde y huidizo el tipo.
¿Qué será de la vida del Chavón Churro? Ha de andar bregando por la despenalización del consumo personal de estupefacientes; aunque en la cabeza del fumatero ese concepto está ligado a unos pares de kilos, uso privado para los próximos cinco años, digamos. "Es que estoy en una etapa de crisis existencial Señor Juez".
El pibe que limpiá los vidrios del bar me niega la vista de la avenida San Martín. El café con leche se me enfrió. Y mi trabajo me espera, el muy perro sabe que no tengo otra opción más que ir manso y condescendiente.
El frío empieza a bajar aún más. La escarcha vive donde se me mueren diez horas de la vida mía.

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